Arte soy entre las artes
El espacio “Arte soy entre las artes” brinda un acercamiento al universo de los creadores que integran el proyecto del mismo nombre que auspicia la Sociedad Cultural “José Martí” como vía para divulgar el quehacer de las artes plásticas cubanas contemporáneas.
Artista invitado: Francis Fernandez
El Lezama único y múltiple de Francis Fernández
Por Mauricio Núñez Rodríguez
El 19 de diciembre del 2010 José Lezama Lima hubiera cumplido cien años. La Casa Museo que lleva su nombre y pertúa su memoria en la calle Trocadero 162 en la barriada de Centro Habana, organizó una muestra de artes plásticas a propósito del acontecimiento. Ahora le proponemos un acercamiento a lo que allí ocurrió.
El artista invitado fue el joven pintor Francis Fernández Trujillo. Su diálogo con Lezama Lima lo establece a través de una propuesta de 15 piezas que sintetizan –desde su perspectiva- el espíritu creador lezamiano y el prisma de contextos que rodearon su existencia.
Antes, ya Francis había incursionado en la vasta vida de otro paradigma de las letras cubanas y latinoamericanas, José Martí. Indiscutiblemente, este joven artífice prefiere los riesgos o, mejor, las grandes metas, pues ambos autores son figuras con amplia iconografía y la posibilidad de ser original debe lograrla a golpe de ingenio o, quizás, es seducido por los horizontes creativos de los hacedores de la palabra. Lo cierto es que el artista ha preferido escudriñar con su paleta en el entramado mundo de dos de los bardos raigales de la historia de la literatura cubana.
El recorrido que ahora Francis nos propone pudiera definirse como un ensayo pictórico psicológico acerca de uno de los referentes más atractivos en la cultura nacional cuya recepción desde las artes plásticas ya era notable desde la etapa republicana, pero la convocatoria que propicia su imagen y su obra, continúa. Esa invitación se mantiene y se difumina en otras expresiones creativas.
Esta colección de piezas en su afán indagatorio recrea diferentes etapas, facetas, expresiones en la vida de un mismo personaje. Sus narraciones se caracterizan por la presencia de un discurso escritural paralelo o simultáneo a la imagen que, a su vez, la refuerza, la matiza, la precisa, la complementa. A ello se adiciona la naturaleza mixta de la técnica empleada que le permite alcanzar tal heterogeneidad de texturas y pluralidad de matices. Todo ello, en su conjunto, deviene en variedad de sentidos, lenguajes y mensajes. Son obras cuyos discursos se multiplican, se diseminan en su mismo espacio y, a la vez, se unifican.
Los signos en las piezas pudieran contextualizar a los personajes de la narración en cada caso, es como ubicarlos en una época, en una situación que, además de objetiva es etérea; y que pudiera sugerir la pertenencia a un lugar, a un espacio por más enrarecido, indescifrable, agónico, borrascoso que ese parezca o sea. Imagen y escritura coexisten en armónica convivencia. Aunque, por momentos, no sucede así. La convivencia se vuelve disfuncional y los signos escriturales parecen superponerse a las figuras
pictóricas; pero hasta en esos instantes se está revelando la interacción del creador con su obra, con su contexto, con su universo. Es la expresión de una búsqueda hacia sí y desde sí.
Un discurso escritural que se muestra una veces paralelo, otras simultáneo, aquí estructurador y siempre cómplice, oportuno que se entremezcla con él (los) personaje(s) en un diálogo incesante mientras que, en ocasiones, esos parlamentos constituyen los trazos que precisan contornos pictóricos, logrando una simbiosis tal que la escritura, mayoritariamente, deriva en la imagen misma y viceversa porque se pierden los límites y las fronteras. Las definiciones, entonces, ya no interesan. La transgresión está permitida: imagen y escritura pugnan, se construyen y se fragmentan, se conjugan, copulan, se fusionan con naturalidad y fuerza, con fluidez e intensidad. No es importante saber donde empieza una o termina la otra, aunque nuestros sentidos insistan en decodificar en cada escena el diálogo tripartito entre grafía, imagen y destinatario. Así emergen los múltiples Lezama de Francis.



