El virtuosismo musical de Eduardo Saborit
en el imaginario fusteriano de Cuba, qué linda es
Por Eloisa Carreras Varona
Las palabras pomposas son innecesarias
para hablar de los hombres sublimes.
José Martí
Hace solo unas semanas, en una animada charla sobre el 50 aniversario de la Alfabetización, el Dr. Armando Hart conversaba con los entrañables amigos Gabriel Navarrete y el maestro José Fuster ─él mismo protagonista directo de aquel histórico suceso en el que participó como alfabetizador con solo quince años de edad─, acerca de la necesidad impostergable de homenajear al guitarrista y compositor Eduardo Saborit como él lo merece, en este año en el que se conmemora el centenario de su natalicio. Pues ese brillante y talentoso artista, logró sumar a su obra ejemplar repleta de altos valores musicales, el mérito insuperable de convertirse en el músico de aquella histórica gesta que protagonizó nuestro pueblo: la Campaña de Alfabetización, pues fue él quien compuso las inolvidables composiciones: Despertar, He aprendido a leer y a escribir, y el Himno de las Brigadas Conrado Benítez ─aquel símbolo que inmortalizó para siempre la epopeya alfabetizadora─; asimismo Saborit nos legó la importantísima Marcha del Triunfo, para decirle a Fidel: "Fidel, Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer./ Fidel, Fidel, siempre cumpliremos con nuestro deber/". Y ese antológico tema fue entonado por aquel singular Ejercito de decenas de miles alfabetizadores, que victorioso inundó la Plaza de la Revolución, armados con lápices y faroles, después de brindar la luz de la enseñanza en cada rincón de la patria, y lograr que esta pudiera cumplir su promesa al declarar al mundo que Cuba era ya, aquel histórico 22 de diciembre de 1961, Territorio Libre de Analfabetismo.
Pero el público que a partir de hoy visite esta exposición deberá conocer que la idea de esta extraordinaria muestra surgió en el momento de la plática citada, gracias a la nobleza, la generosidad y el altruismo que caracterizan la vida y la obra de Fuster, ese Maestro de las Artes Visuales, quien no solo se puso a laborar inmediatamente en función de ella, sino que la ejecutó en un tiempo récord.
La temprana desaparición física del destacado compositor a los 51 años de edad, en 1963, significó una dolorosa e irreparable pérdida, no solo para su familia, sino para todo su pueblo, para la cultura cubana, para la Patria y la Revolución. Su súbita ausencia nos privó de seguir disfrutando de nuevas y exquisitas melodías de aquel que fue uno de los principales cantores de la Revolución. Diana, una de las nietas de Saborit, ha relatado que su egregio abuelo: “A partir de la Campaña, y ya para siempre, vistió únicamente el uniforme de los brigadistas. No le importó que aquel hermoso proyecto hubiera concluido, se había entregado tanto a él, que no quiso separarse de esa ropa nunca más”. El Indio Naborí, al despedir el duelo de su amigo e inolvidable artista dijo de él: "No pido un minuto de silencio, sino siglos de música para Eduardo Saborit". Y en la Elegía fraternal a Eduardo Saborit, con la que le rindió honores le dijo a su amigo en su fragmento final: "Por tener hondas raíces,/ por alegrar campesinos,/ por desear los caminos,/ llenos de niños felices;/ por alertar: 'Tú que dices que tu Patria no es tan bella'…/ y por morir en la huella/ de Fidel y de Martí,/ toma, mi hermano, 'un rubí, cinco franjas y una estrella'. "
Los cubanos llevaremos con orgullo el inmortal y digno recuerdo de su legado artístico, aquel que nos llena de ternura y amor al recordar una de sus más apreciadas composiciones: ¡Cuba, qué linda es Cuba!, la canción que se convirtió en un atributo de este pueblo, desde que fue cantada por primera vez, por el coro que dirigió la Maestra Cuca Rivero, en el acto fundacional de la Federación de Mujeres Cubanas, el 23 de agosto de 1960.
La meritoria obra de quien fue no solo un gran compositor, sino también un activo impulsor y promotor cultural, así como un fidelista de los pies a la cabeza, ha sido altamente valorada por los cubanos. Por eso podemos recordar con satisfacción que, cuando Arnaldo Tamayo Méndez ─el primer cosmonauta latinoamericano─, realizó su viaje espacial en 1980, en el grupo de objetos representativos de la nación cubana que llevaba consigo, por un peso de escasos cinco kilogramos, se encontraba una partitura del antológico tema musical ¡Cuba que linda es Cuba!, como símbolo de genuina cubanía.
Inauguramos hoy esta propuesta fusteriana, fruto de la complicidad que generan la auténtica amistad y el amor entre los hombres. Una vez más, Fuster nos deleita con esta propuesta convertida en un regalo para nuestros sentidos, desde estos lienzos repletos de una rica diversidad expresiva de formas, colores y texturas, marcados por el estilo y el sello singular de este Maestro de la pintura cubana.
El lenguaje expresivo de Fuster, ese, su cosmos exuberante, simbólico, mezclado, mestizo y cubano, está ahora aquí con el dominio de su oficio, desbordado de fantasía, belleza, color, pero, y sobre todo, desbordado de espiritualidad. Estamos en presencia de una seductora propuesta al servicio de la difusión de las temáticas que animaron las inmortales melodías de Eduardo Saborit. Es por eso que desde aquí podemos llegar a la obra toda del Maestro Saborit, y disfrutar a plenitud de la originalidad con la que Fuster nos ha dado esta entrega.
Es verdad que la creación humana tiene misterios insondables, pensemos en la obra de Fuster Cinco franjas, inspirada en aquel verso de Saborit que hace alusión a las cinco franjas de nuestra bandera, justo en el instante en que tenemos que seguir clamando con más fuerza que nunca por la libertad de nuestros cinco hermanos: René, Antonio, Gerardo, Fernando y Tony.
Pero es que cada verso, cada estrofa, cada tema, cada melodía, y hasta cada silencio, se convirtieron en fuente de inspiración de este regalo que hoy nos hace Fuster. Y no es extraño si pensamos que tanto Saborit como él, tienen en común no solo el talento para hacer arte y prodigar cultura, sino también tienen en común su pasión por Martí, Fidel y la Revolución cubana. Todo ello hace que emane de sus obras su infinito amor por la libertad, por el hombre, por Cuba.
En un mundo donde pretende imponerse cada vez más, la estrechez mental, la mediocridad, las guerras, el odio y otras bajas pasiones, hace más falta que nunca cultivar la virtud, para que esta sea de utilidad y provecho, tal como nos enseñó nuestro Apóstol. Y, no hay dudas que esta nueva producción artística de Fuster inspirada en la obra de Saborit, va a favorecer este noble empeño, haciendo crecer una sensibilidad universal que contribuya al mejoramiento humano.
La obra de estos dos grandes de la cultura cubana seguirá trascendiendo al porvenir, porque ambos son un honorable ejemplo de los grandes artistas e intelectuales de nuestra tierra, que han tenido una vocación profundamente revolucionaria al servicio de su pueblo.
Los invito a disfrutar de esta fiesta de la más auténtica cubanía, que representa el placer del hecho estético logrado por estos criollos, tan cubanos como nuestras palmas.




