Arte soy entre las artes
El espacio “Arte soy entre las artes” brinda un acercamiento al universo de los creadores que integran el proyecto del mismo nombre que auspicia la Sociedad Cultural “José Martí” como vía para divulgar el quehacer de las artes plásticas cubanas contemporáneas.
Artista invitado: Jesús Lara Sotelo
Supremacía del éxtasis: La más reciente exposición de Lara en La Habana
Por Mauricio Núñez Rodríguez
La creación de Jesús Lara Sotelo en torno a las artes visuales va dibujando una serie que bien pudiera llamarse “Personalidades” a través de la cual atesora retratos de múltiples artífices pertenecientes al mundo de la política, la cultura, la ciencia, la historia entre los que se encuentran cubanos: (José Martí, José Lezama Lima, Dulce María Loynaz, Fidel Castro, Armando Hart, Fina García Marruz, Rodrigo Álvarez Cambra, Frank Fernández, Luis Marré, César López) y de otras latitudes (Walt Whitman, Osvaldo Guayasamín, Martin Luther King, Pablo Picasso, Malcom X).
Menos conocidas son las piezas de Lara protagonizadas por alcohólicos, enfermos, enfermeros, sepultureros o los que rastrean los depósitos de basura. Ellos también tienen un nombre, una historia y, muchas veces, extraordinaria, aunque no socializada. Ello completa integralmente la singular galería de personajes tipos del artista en el afán de conocer íntegramente las sociedades que conviven en un mismo espacio. Quizás siguiendo aquella idea martiana de que “para conocer a un pueblo se le ha de estudiar en todos sus aspectos y expresiones: ¡en sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos!”.(*)
Ahora, Lara se detiene en una de las figuras emblemáticas del arte y la cultura cubanas reconocida nacional e internacionalmente que acaba de arribar a nueve décadas de fecunda existencia: Alicia Alonso. ¿Cómo asumir una legendaria trayectoria en una muestra? ¿Cómo abordar un prisma que sintetiza en sí mismo la esencia de una expresión cultural, la pertenencia a una nación, la voluntad de permanencia, la necesidad de crear y formar? ¿Cómo sumergirse en la obra de una fundadora sin desasirse de sí mismo, sin abrir las riendas a la reinvención más pura y plena o sin dejar la piel en cada trazo? ¿Cómo captar una imagen que se multiplica en ella misma en varios espacios, épocas, tendencias, estilos?
El artista siente que un solo soporte no le es suficiente. Y es que para ser coherente con la naturaleza plural del personaje a recrear necesita multiplicarse a sí mismo y emplearse con toda la diversidad técnica, estilística y genérica que es capaz. No tiene otra alternativa. Debe poner a prueba sus casi cuatro décadas para poder sintetizar las nueve de su protagonista. Por ello en Supremacía del éxtasis Lara se muestra en y con todo su registro como creador.
Va del dibujo a la pintura, de la pintura a la cerámica, de la cerámica a la escultura instalativa y desde cada una a la poesía o para ser más preciso: desde la poesía a todas ellas como si fueran estaciones fácilmente transitables en su trayectoria vital. Es un viaje de retorno, constante. En ese andar, también,
hay espacio para la instalación y el performance.
Viaja, igualmente, de la figuración más clásica y convencional a los trazos de estilo más contemporáneo. Juega con los colores. Coquetea con las imágenes y las distribuye en forma de espiral, por supuesto, siempre ascendente en el espacio expositivo. La cúspide de ese ascenso es alta, pero –a diferencia de otros empeños de Lara- no es el Himalaya, en este caso, es una soberbia Alicia casi a tamaño natural –cual diosa de este olimpo- que protagoniza la velada y que puede ser apreciada con nitidez desde cada ángulo del recinto. Esta imagen de gran formato no busca apabullar al receptor porque es una figura amable, humana, que invitan al goce estético
Si nos detenemos en gran parte de las piezas de esta colección se podrá corroborar que reparan con énfasis en el ballet Giselle. Es conocido la creación que hace de este clásico su homenajeada. Así, el artista capta diferentes escenas climáticas de la historia: el desespero, la angustia, la ansiedad, la locura y la muerte del personaje. Sin embargo, a pesar de que las imágenes de Lara están detenidas en un movimiento, un gesto o un ademán, no son estáticas. Pareciera como si se negaran a ello por su propia naturaleza y es que están invitando a la danza, a la vida, alejándose del estatismo frío y rígido. De diferente manera y de todas las que le son posibles, sus criaturas intentan desafiar, una y otra vez, el marco al que fueron destinadas. Son criaturas vigorosas de expresiones enérgicas que transmiten vitalidad en cada trazo.
Lara se hizo acompañar, en esta ocasión, de una colección de objetos de cerámica cuyo discurso intenta captar escenas, rasgos, detalles que complementan lo expresado en dibujos y pinturas. Es como una narración fragmentada o capítulos de una novela –como bien pudiera definirse la riqueza de tal trayectoria. Pero cada pieza tiene total independencia. Cada una constituye una unidad en sí misma. Cada una tiene su historia particular. Son objetos preciosos, esmaltados cuidadosamente. Es una propuesta para el disfrute visual pleno. Quizás desde el mismo título “Supremacía del éxtasis”, se rebelan los derroteros de este empeño.
Pero, incluso, los exquisitos platos de cerámica que acompañan los dibujos y las pinturas se suman a la idea de movimiento implícita en el salón, ya bien por su forma aerodinámica o por la sensación de llegada de un viaje o, mejor, la preparación para iniciarlo y sucede que los objetos dispuestos en el salón –a pesar de sus naturalezas dispares- poseen el misterio de la comunicación y dialogan entre sí incesantemente.
Esta lectura de Lara es expresión de la admiración de una y varias generaciones. Él se apropió de la voz colectiva para expresar su imaginario. Se sintió deudor, al igual que otros creadores, de una de las figuras más excelsas de la historia de la cultura cubana en todas sus etapas y períodos: ¿deudor, comprometido, atraído, convocado? Este es su homenaje a nueve décadas de existencia desde el dibujo, la pintura, la cerámica y la poesía misma o desde lo que mejor sabe hacer este artista: crear.
(*): José Martí: Obras Completas, t. 7, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, p. 51.



