Carta de Celia Hart
La revista Honda en su número de mayo dedica la sección “Ideas” a las figuras de Haydée y Abel Santamaría a propósito del aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. La Página de la Sociedad complementa ese homenaje publicando esta carta de Celia Hart.
De Celia Hart
2 Enero 2006
Hoy es el cumpleaños de mi madre. Coincide con el último día del año. Para ella no era tan importante el día en que nació, sino el día en que quiso nacer. Es como si el cariño tuviera más derecho a la verdad que los propios acontecimientos.
Extraño, por cierto, esa sencilla máxima de mi madre….
Entonces permítanme una historia:
No había criatura nacida del suelo de la tierra que le causara a Haydée más placer que el girasol. En casa había girasoles en todas sus formas: pinturas, fotos, girasoles vivos y muertos. Van Gogh y su sublime estridencia…
Cuando le preguntaba a Haydée por qué era el girasol su flor favorita me contestaba: “Porque para ser tan hermosa como es no renuncia a ser inteligente, fácil de plantar y útil: De ella se saca buen aceite, el girasol se siembra en campos abiertos al sol y al agua. Esa flor menea la corola en busca del Sol formando los lindos rejuegos con el tallo… y además le gusta convivir con sus compañeras… Es en definitiva, hija mía, una flor revolucionaria”
Es cierto: cuando he querido recordar a mi madre me ha bastado mirar una botella de aceite vegetal de girasol.
La flor del girasol no necesita cuidados especiales como la rosa del Principito. Se puede uno ir a hacer el bien (la revolución) sin cuidado de abandonar algo… Pues el girasol para contonearse y ser útil no precisa más que un buche de agua y un rallito de Sol. Es fácil tenerla en casa y fácil seguirla por el universo.
Entonces mi madre y yo caímos en cuenta de que el girasol es una flor muy feliz Algo más….
Desde niña me hizo sentir Yeyé que la felicidad se halla en el secreto de ser útil. Tal cual el girasol.
Martí dijo alguna vez que creía en la utilidad de la virtud. Más a Haydée le gustaba la contrapartida: la virtud de la utilidad. Siempre que se es útil se es virtuoso, y siempre que se es virtuoso se es feliz. Así de sencillo
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