Retrato del Martí que imaginan los jóvenes cubanos
Ana Ivis Galán García
La Habana, 8 feb (AIN) Por estos días en que ya andan de avanzada las jornadas de saludo al aniversario 160 del natalicio del Apóstol cubano, el 28 de enero de 2013, niños y jóvenes se imaginan a un José Martí presente, viviendo hoy, junto a ellos, en calles y aulas.
De visita en el Memorial que lleva su nombre, ubicado en la Plaza de la Revolución, de esta capital, a todos parecía unirlos un común interés: saber más del Héroe Nacional que conocieron en la escuela, sentirlo más cerca, aprehenderlo mejor.
Y en medio del recorrido, en diálogo con la AIN, echaron a volar la fantasía.
Para Sergio Félix González, un estudiante de 15 años de edad, Martí ahora sería “jaranero, no tan serio, más divertido, pero igual de solidario, respetuoso y siempre patriota”.
“A lo mejor menos comprensivo de las normas de la sociedad”, dijo, como si supiera que es algo casi natural en un joven ser rebelde e irreverente.
Pero igual de responsable, añadió, “solidario, cortés con las mujeres, como siempre lo fue, entregado a la lucha por lo que considera justo, y defensor de sus convicciones morales”.
Su amigo, el también quinceañero Eduardo Fernández, lo pensó “inteligente, estudioso, que ayudaría a sus compañeros para las pruebas”, y con algo de picardía, agregó: “iría a fiestas y sería un poco como nosotros, algo locos”.
Luego, entre risas, sin maldad, intentando mejorar lo dicho, señaló: “Si él estuviera aquí, creo que seguiría con su habilidad para las palabras y la escritura, y se destacaría entre todos los estudiantes”.
Y es que no podrían muchachos de estos tiempos ver a un Martí de su edad de otra manera.
Para Marlon Álvarez, de 16 años, sería así: “Más suelto, entretenido, que seguiría defendiendo los derechos de las demás personas”.
Sale la historia, entonces, a jugar su parte, cuando este reconoce que “fue bien atrevido para su tiempo, porque antes era muy difícil, no había libertad de expresión, y si él viviera hoy y no estuviera de acuerdo con algo tendría derecho a exponer sus ideas”.
Del mayor de los cubanos, Marlon afirmó certero, los jóvenes “deben tener su capacidad de escribir, su conocimiento y sus grandes ideas”.
En el Memorial, sitio que eterniza al Héroe en su intensa obra y universal pensamiento, un grupo de pequeños lo veían como si fuera un chico de estos tiempos y, desde su cálida inocencia, resaltaron sus valores.
Alejandro Rodríguez Martínez, de 10 años, ganador de una Mención por su dibujo en el concurso Para un Amigo Sincero, lo imaginó “estudioso, participando en las actividades de la escuela, en los concursos, sería un pionero modelo y feliz, porque todos los niños deben ser felices”.
Jessica Quintana González, de 13 años, destacó la honestidad, el patriotismo y la dignidad, como cualidades martianas, y le pediría “que no cambiara su forma de ser, y siguiera amando a la patria”.
Desde sus ocho años, Andy Quintana González, le diría “que siguiera como él es, que va por buen camino, porque así puede ganar muchos amigos”.
A Carlos Andrés Siques González, de 12 años, le gustaría que “siquiera luchando por Cuba, y jugara como todo niño, porque todos deben tener una vida decente y alegre”.
Su hermanita de cinco años, María Carla Siques Gonzáles, mostró, con timidez pero con infantil seguridad, sus ya iniciados conocimientos sobre el Apóstol: “Nació el 28 de enero de 1853. Él escribió La Edad de Oro.
Y como si supiera de la tanta bondad del Apóstol, de su grandeza, expresó: “A mi me gustaría que fuera amiguito mío”.



